XXIV
El chapoteo que surgió de improviso a su alrededor les hizo suspender la interesante conversación que mantenían y elevar la vista hacia la montaña de donde procedían los proyectiles que lo causaban.
-¡Ah!, son mi madre, tu amigo y la niña –advirtió Xana poniéndose en pie y agitando su estilizada mano mientras hacía esfuerzos por mantener el inestable equilibrio sobre el bamboleante esquife.
- Sí, hagámosles señas fehacientes de que nos hemos dado cuenta de su presencia antes de que acaben por hundirnos la embarcación –propuso Max, alarmado al comprobar que las rocas que caían iban aumentando de tamaño y cada vez más próximas.
Desde arriba también les saludaban con grandes gesticulaciones de brazos y, viendo cumplido el objetivo que perseguían de llamar la atención mediante la pétrea descarga, cesaron de lanzar proyectiles. Se restableció la calma y siendo ya todos conscientes de que cada cual tenía pleno conocimiento de la ubicación respectiva se suspendieron todos los ampulosos y descomedidos gestos.
Xana volvió a pegarse al tumbado cuerpo de Max. La muchacha se había quitado ya hacía tiempo las dos piezas de su bañador y su esbelto cuerpo moreno resplandecía bajo los rayos del sol. Por fortuna la distancia que les separaba de la cima del peñón era la suficiente para que la madre no hubiera podido apercibirse de la desnudez, porque de descubrirlo era posible que algún pedrusco hubiera caído intencionadamente en el interior de la barca.
Max también estaba desnudo y, como es natural, los dos jóvenes amantes de la lógica conversaban sobre el tema que mejor podría cuadrar con su falta de vestimentas: discutían sobre la Nada. Así que tras el lapso que rindieron a los saludos con el grupo aéreo retomaron el hilo de sus argumentaciones.
- Es el sentimiento de la angustia que todo ser humano lleva dentro de sí por su inalienable entidad el que crea el concepto de la Nada, pues esta no puede existir separada de la íntima conciencia de la persona concreta –exponía Xana, mientras hacía circulitos con un dedo sobre el hombro de su compañero más próximo a ella.
- Todo lo contrario –rebatía él con firmeza -, es la propia Nada quien genera la angustia, el vacio es anterior a la conciencia y a todo lo creado, existe por sí mismo con una plena independencia y sin tener necesidad de que ninguna inteligencia haya de apreciarlo para que tenga su esencia. Es más tarde cuando esta Nada preexistente penetra en el espíritu de la persona y le obliga a angustiarse –y acariciaba con ternura mientras hablaba los sedosos cabellos castaños de la muchacha.
- Te equivocas, querido, te equivocas –seguía ella argumentando con la mirada perdida en el infinito, y extendiendo los arabescos que trazaba su dedo sobre la morena piel del amigo por todo el musculoso brazo -. Nada puede tener una existencia real fuera de la mente de los seres humanos, todo, absolutamente todo, está grabado en las neuronas de su cerebro, tanto lo por el conocido en persona como lo que sus antepasados asimilaron con anterioridad a su nacimiento, en forma de ácidos orgánicos se encuentran los recuerdos, las sensaciones, las pasiones, las frustraciones, los descubrimientos, las expectativas…
- Una persona inteligente no puede tener tal estrechez de miras que reduzca tosa la efervescencia de lo real a la fisiología, a la neurología, si lo prefieres –exponía él con los labios pegados al oído de Xana, acariciando su aterciopelada oreja con el aliento y los labios -. Las ideas son anteriores a la existencia de las personas y de cualquier ser vivo. El hombre las recoge, las imprime en la materia orgánica de sus neuronas, las mezcla a voluntad, construye variadas combinaciones, así es capaz de llegar a crear algo nuevo, pero siempre a partir de las ideas preexistentes. Y entre todos los vacíos se encuentra el vacío por antonomasia: la Nada. Una Nada que se resiste a dejarse grabar en parte alguna, que se niega a dejarse grabar en parte alguna, que se niega a ser aprehendida sino es mediante un ambiguo, doloroso y etéreo sentimiento de angustia.
- Mas tendrás que reconocer, Max, que el dolor que nos produce esa angustia es un sentimiento muy real y, hasta en exceso, tangible y comprobable –afirmó ella, que había trasladado el campo de sus acariciadores arabescos al velludo pecho de su amigo -, la angustia no es nada etéreo cuando te tiene cogida entre sus fuertes y afiladas garras. El dolor es sensible, la muerte es bien tangible, la angustia es insalvable y hace evidente a la Nada.
Max besaba con sus ardientes labios el cuello y la nuca de la muchacha, en tanto que buscaba los argumentos con que hacer frente a las muy lúcidas observaciones de Xana.
- Esa es la cuestión, pero colocas el carro delante de los caballos. La Nada tiene que tomar formas apreciables para poder manifestarse, se realiza transformándose en angustia hacia la vida, en angustia hacia la libertad, en un profundo dolor por la existencia y la conciencia del ser. Aprisiona las mentes de las personas y hasta parece incluirse dentro de ellas, pero siempre permanece fuera y al margen de su transcurso, pues anterior a la existencia y posee su esencia propia. Se opone a los deseos de vivir, pero el mismo sufrimiento que produce hace que la vida tenga un sentimiento que se revuelve en contra de esa negación de la existencia en donde habita la Nada –su viril mano acariciaba con suavidad el rizado vello del pubis de la amiga -. La Nada está fuera de ti y dentro de ti, es una parte más de tu persona sin dejar de ser ella misma, pero resulta imposible para el ser humano llegar hasta su esencia, hasta su lógica cruel, y la inaccesibilidad de alcanzar su íntimo refugio le provoca la angustia, le provoca el más profundo de los malestares, pero esta misma lucha por alcanzar lo desconocido e inaccesible le mantiene vivo y despierto y tan sólo cuando haya alcanzado el punto de dormir el sueño eterno habrá alcanzado la perfecta comunión con el vacío –sus dedos se adentraban ahora en otro vacío cálido y húmedo -, mas entonces ya carecerá de la conciencia imprescindible para comprender su nuevo estado, habrá conseguido incorporarse plenamente a constituir una parte de la Nada, aunque para su inteligencia y su esencia cognoscible ya no tenga ninguna utilidad este último triunfo.
- Con tu exposición lo único que logras es reducir el problema a sus meros extremos –le corrigió Xana, que continuó hablando de una forma intermitente, pues sentía en algunos momentos conmoverse todo su cuerpo, recorrido por los escalofríos que le producían las dulces caricias de su amigo -, y la cuestión debe de estudiarse… ¡aay!... debe de estudiarse en toda la amplitud del proceso que mantiene su desarrollo y proveerse de las metodologías científicas para… ¡uuhmmm!... tener un instrumento con el que auxiliarse, como, por ejemplo, de la teoría matemática de los conjuntos o de los espacios vectoriales de enésimas dimensiones. El conjunto vacío tiene un propio, auténtico e imprescindible significado…

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