XLI
Lo relatado por Diego les dejó un tanto pasmados de asombro, y en su ánimo juvenil un punzante deseo de emprender aventuras, y se comenzó a planificar una nueva excursión. Los dos jóvenes submarinistas ya habían disfrutado con la desvelación de los misterios de la costa oeste del peñón, pero los acantilados del este continuaban siendo un territorio virgen para ellos. Ese podría ser su destino, idea que entusiasmo a Xana y Max, que podrían gozar a solas de sus discusiones metafísicas, tan disputadas como amables.
Diego no era muy partidario de aquella expedición, pues por aquella zona se estaban construyendo las pistas de un aeropuerto, que permitiría a la isla poderse comunicar con mayor facilidad y agilidad con el continente, ya que hasta el momento sólo constituía un transporte rápido el hidroavión del correo, que en ocasiones también era usado para trasladar a algún accidentado o enfermo. Aunque tampoco puso mayores impedimentos a los deseos de los jóvenes.
- Ya sabéis que cuando la mano del hombre trata de variar el libre desarrollo de la naturaleza se produce el subsiguiente choque entre los intereses contrapuestos. La rica vida subacuática que existe en esa zona no creo que siga siendo tan feraz después del movimiento de tierras que están produciendo esas obras, pues para que las pistas tengan la longitud apropiada a su uso se ha tenido que ganar terreno al mar -les explicó el artista -. Aunque, como habéis comprobado cuando nos visitó, me une una gran amistad con Eduardo, en lo que respecta a este proyecto disentimos bastante, y en mi opinión acabará por causar conflictos a la larga o a la corta…
- Pero las especies biológicas son muy ambientales, y suele ocurrir con frecuencia que la flora y fauna de una cierta región sea por completo diferente según la distinta orientación de la costa -opinó Tuba, sin hacer mucho caso a lo que decía Diego, obsesionada en su deseo de la inmersión, y continuó-: Los vientos dominantes tienen una gran importancia en el desarrollo y aclimatación de las especies, hacen hasta variar la temperatura de las aguas y las tierras expuestas a su rigor.
Doña Lola regresó al patio portando una bandeja con refrescos.
- Es un regalo de la Abuela, la única persona por aquí que parece se acuerda de que las necesidades vitales comienzan por la hidratación.
Xana se levantó para ayudar a la madre, y de paso darle un afectuoso beso.
- Ha sido una historia muy interesante, ¡cuánto siento que te la hayas perdido!
- Estoy segura que ha sido una invención más de nuestro amigo el tahúr para justificar de alguna manera su relación con ese par de pelandruscas…
- ¡Mamá, somos sus invitadas!
- Ya conocemos todos el carácter de tu madre y la forma tan extraña que tiene de mostrar sus sentimientos. Siéntese, señora, por favor, y acompáñenos. Los muchachos están planificando una nueva excursión y les estoy poniendo al tanto de posibles desilusiones.
Entre doña Lola y Xana fueron repartiendo los refrescos, y después se sentaron con los otros para participar en la tertulia. Y tomó de nuevo Diego la palabra:
- No es mi intención hacer que varíen vuestros proyectos, tan sólo pretendía dar mi opinión sobre la situación en la zona tal y como está hoy, para que no os sintáis defraudados si el panorama biológico que encontráis no es tan rico como el que imaginabais encontrar. Esa parte de la isla siempre fue mucho menos afortunada por los dones de la madre naturaleza que la occidental, por ese motivo yo mismo aconseje a las autoridades, cuando me pidieron opinión, que la ubicación del aeropuerto se dispusiera hacia levante, aunque, naturalmente, también les sugerí que lo alejaran en todo lo posible de la zona del peñón, sin lograr que en esto último me hicieran caso, porque no querían sacrificar ninguna zona de playa, aunque de playas no estemos nada escasos, y los recursos naturales son cada uno en sí mismo insólito y una vez perdidos ya irrecuperables. Pero hasta en este paraíso perdido a veces los intereses financieros priman sobre la protección de la naturaleza.
- Observar las técnicas constructivas que se están empleado también puede resultar entretenido para nuestros amigos ingenieros -sugirió Xana.
- La idea es buena, siempre que no nos detengamos mucho tiempo en ella. ¡Bastante diversión tenemos ya durante el resto del año con las ingenierías! -comentó Max.
- Se diría que no os complace demasiado vuestra profesión -especuló doña Lola, siempre dispuesta a sacarle alguna punta a cualquier tema.
- La cuestión no es esa, señora, una cosa es la profesión si la miramos desde un prisma teórico y de expectativas, y otra, muy distinta, observada desde las metodologías con las que se practica de forma habitual. Vista desde este último aspecto un ingeniero no se diferencia demasiado de un vulgar chupatintas -explicó Miles.
- Un chupatintas de lujo, si queremos ser más precisos, con unos ciertos conocimientos de álgebra y de las tecnologías específicas de cada especialidad -siguió Max.
- Y seguro que con bastante mejor sueldo -intervino Diego, con cierta sorna.
- Según y cómo se mire, querido amigo -no se molestó Max por el tono empleado-, hoy en día lo que infla cualquier sueldo son los pluses: familiar, quinquenios, productividad, distancia, riesgo…
- Y a nosotros, a los ingenieros en general, se nos contrata precisamente para que no se corran riesgos y consigamos que descienda la productividad, si no fuera por los recursos que la ciencia pone en manos de los técnicos se produciría más de lo que puede consumirse… -explicaba Miles.
- …Con lo que el mercado se convertiría en un caos de excedentes que provocaría una caída en picado de los precios… -continúo Max.
-… Y como consecuencia de ello se fomentaría el desempleo y las sociedades se irían arruinando progresivamente, pues cada vez sería menor el número de los posibles compradores de los productos que cada vez se fueran fabricando con mayor rapidez, y se llegaría a la quiebra del sistema -concluyó Miles.
Tuba y Xana escuchaban con asombro y admiración la locuacidad de sus enamorados, más ocupadas en la musicalidad de las palabras que en el sentido que estas pudieran tener, como si su discurso fuera una extensión más de sus dúos para saxo y trompeta. Doña Lola se esforzaba en comprender lo que decían, un poco perdida entre tanta verborrea, y Diego, que se había percatado de que en todo aquello había algo que no funcionaba, o que, al menos, se encontraba en abierta oposición con la lógica más trivial preparaba una réplica.
- Hay en toda vuestra exposición una cuestión que la hace caer por su base, ¿no pensáis que toda vuestra argumentación se sostiene sobre hipótesis falaces? -les preguntó.
- Los sistemas de pensamiento forman parte de un tema que se escapa a las atribuciones de los técnicos, y que no tienen ni por qué conocer ni por qué preocupase de él. Para eso se han inventado las diferentes disciplinas y especialidades, y existen los economistas, los sociólogos, los políticos, los sicólogos… -respondió por los dos Miles, y quedó flotando en el aire si los amigos creían en lo que habían dicho o se trataba de una chanza que había ido hilvanando sobre la marcha, porque la entrada en el patio de la Abuela y Mairim, portando platos y manteles, interrumpió la discusión y los jugos gástricos les recordaron que era la hora de ocuparse de otro tema más productivo y benefactor: el almuerzo.

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