XLVI
En la boca de la cueva les aguardaban Tuba y Xana, y se fundieron en un cálido abrazo madre e hija.
- Mimi desapareció durante el bombardeo, pero es posible que el ruido la asustara y se escondiese -decía doña Lola, con voz entrecortada.
En tanto, Diego trataba de encontrar las palabras más oportunas y más sencillas con que dar a Mairim la noticia del trágico fallecimiento de la Abuela, causando el menor daño posible al sensible corazoncito de la chiquilla. Pero, a pesar de los esfuerzos que hizo el padre, era imposible que fuera de otro modo, nada pudo impedir que la niña se pusiera a sollozar con una ilimitada congoja, capaz de conmover al más firme y templado carácter. Nadia, Tuba, Xana y doña Lola se unieron a su llanto apenado y los varones tuvieron que salir a escape de la cueva temiendo verse también convertidos en lacrimosas fuentes por los efectos del contagio, pues las lágrimas tienen la propiedad común también a la risa y la dinamita de explosionar por simpatía.
Ya afuera dio Alberto extensa y cumplida información de las razones que alegaban los invasores para disculpar su irracional agresión, y de cómo se habían ido desenvolviendo los acontecimientos desde que las explosiones en las obras del aeropuerto separaron a los dos amigos.
- Pretenden que el fin por el que se estaba construyendo era convertirlo en una base militar al servicio de una potencia extraña, y que el telón sobre el que se representa la falsa playa es una poderosa arma estratégica del enemigo; se fundan para verter estas ilógicas afirmaciones en que la maquinaría que mueve el telón ha sido fabricada en dicho país, que ellos consideran enemigo del suyo y de la civilización, y que entre los técnicos ingenieros que colaboran en la obra del aeropuerto hay varios procedentes de dicha nación. Otro argumento es que nuestros artilugios solares y eólicos mediante los que nos proveemos de una energía barata y no contaminante han sido fabricados con el propósito de lograr una total independencia energética y económica del continente. Pero no es necesario escarbar demasiado para deducir que lo que se esconde entre toda esa sarta de mentiras es un deseo de prevalencia y de monopolizar ellos nuestras relaciones económicas y de que el aeropuerto sea una base militar suya. Y para conseguir estos propósitos no han dudado ni un momento en romper con todos los lazos de amistad que existían entre nuestros respectivos países…
- Corrían algunos rumores al respecto -le interrumpió Diego-, pero siempre pensamos que las diplomacias conseguirían encauzar la situación.
- Es una forma clásica de actuación de los imperialismos -medio Miles en la conversación-, bajo el pretexto de que el imperio enemigo trata de adueñarse de tu país te invade el imperio opuesto, y así se van repartiendo el planeta entre ellos ante la mirada asombrada e impotente del resto de los pueblos, que no hacen nada para impedir estas alevosas agresiones a la soberanía de los demás, y que en cualquier momento están expuestos a seguir la misma suerte…
- Y, ¿cómo te hirieron en el brazo? -se interesó Max por Alberto.
- Aunque tal y como afirmaban en su discurso desde los helicópteros sólo tenían intención de asustar, y las granadas no llevaban metralla, la onda expansiva de una de ellas debió de levantar alguna de las herramientas de la obra y me produjo un corte. No me apercibí, en un primer momento, sólo sentí un calor muy intenso en el brazo, pero encontraba bastante ocupada mi atención en correr y alejarme dl lugar lo más rápido posible, como los demás que estaban allí, una autentica desbandada -hizo una pausa para tomar aliento-. Cuando pasé cerca de la casa de Diego, vi como la cabaña se encontraba hundida y como ardía la paja de la derrumbada techumbre, y me acerqué a prestar la ayuda que pudiera. Algunos vecinos atendían ya a doña Lola, y otros se ocupaban de sacar de entre el envigado el infortunado cuerpo de la Abuela. Al disponerme a echarles una mano, y retirar un pesado madero, me di cuenta de que este brazo no me respondía y que la sangre descendía a todo lo largo de él.
- Y, ¿luego? -preguntó Miles.
- Los helicópteros de habían retirado hacia el sur de la isla sin dejar de radiar la misma proclama, que trataba de ser tranquilizadora, a la asombrada y atemorizada población, que se afanaba en reparar los destrozos causados por el sorpresivo, alevoso y criminal ataque. Entonces apareció Nadia, que venía en busca de Diego. En el hotel, han establecido los invasores su cuartel general para, por una parte, proteger a los turistas de su país y, por otra, mantener bajo vigilancia a los ingenieros del aeropuerto y demás extranjeros que consideran “peligrosos”, entre otros nuestra amiga Vanesa, y también tú, amigo, por tu colaboración en los proyectos medioambientales.
- ¡Es ridículo! -exclamó Max.
- Todo este asunto lo es, si no le cuadraran mejor los calificativos de trágico y patético -afirmó Alberto, que continuó-: el caso es que nos decidimos a venir en tu busca. Mientras doña Lola bajaba a recoger algunas pertenencias, Nadia me vendó la herida y me anudó un pañuelo al cuello para que llevara el brazo en cabestrillo…
- Son todo un temperamento -suspiró Diego.
- …Luego llenamos otra bolsa con algunos alimentos que se habían salvado del siniestro, y, un poco por intuición y otro tanto por casualidad, hemos conseguido dar con vuestro paradero. ¿Qué hacemos ahora?
- No tengo ni la menor idea -musitó Diego, profundamente abatido por el cariz que estaban tomando los acontecimientos, y, de pronto, se acordó de otro amigo-. Quien también estará en una situación bastante complicada es Eduardo…
- No lo creas, según Nadia parece que ha confraternizado bastante con las fuerzas ocupantes, como si ya tuviera relaciones con ellos desde tiempo atrás…
- Eduardo, ¿un traidor? -se sorprendió Diego.
- No diría tanto, más bien un jugador a varias barajas, facilitó que Nadia pudiera salir del hotel para advertirte del peligro…
- Lo más oportuno sería abandonar la isla por el momento, hasta que la situación se encalme -sugirió Miles-, disponemos de una lancha y de bastante gasolina, y el continente no queda demasiado lejos como para intentarlo, aún a pesar de la fragilidad de la nave.
- Sería muy duro para mi apartarme de estas tierras a las que tanto amo, y tantos recuerdos gratos y tristes guardan de mi pasado -dijo Diego, muy afectado por la sola idea de tener que abandonar su querida isla.
- Pero, en tanto que regresa la tranquilidad y las aguas vuelven a su cauce, esto puede convertirse en un infierno. Es de suponer que el ejército de nuestro país se esté ya aprestando para contraatacar en el caso de que no se llegue a un acuerdo negociado de tipo político, y los invasores se pondrán a fortificar la isla sin tardanza, con objeto de repeler cualquier posible agresión, y este hermoso paraíso natural puede acabar por convertirse en un mugriento polvorín con la mecha encendida. No se trata de dejar estas tierras para siempre, Diego, hazte a la idea de que vas a pasar unas cortas vacaciones en el continente -animaba Max al artista para que les acompañase, en una huida que para ellos no era necesaria, sino sólo fruto de la amistad y de su amor a la libertad y la aventura.
- Tienen mucha razón los muchachos, amigo, yo lo único que poseo en este mundo es la mitad del chiringuito junto a la playa, y eso, si no ha ardido ya con las explosiones, y desde luego que no pienso moverme de esta isla, y si es preciso lo reconstruiré… pero tu situación es muy distinta: tienes una hija por la que velar y todos sabemos que doña Lola no te es indiferente, ¿por qué no comenzar una nueva vida?
- Sean, pues, ellas quienes decidan -accedió Diego.

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