XI
Las apariencias engañaban, en efecto, tal y como había sugerido el artista afincado en la isla, ya que la cabaña que habían visto al llegar era tan sólo el vestíbulo y la cocina de una mansión que se había excavado en la roca de la colina. En la gran cocina encontraron, envuelta en el agradable olor de los guisos, que se afanaba en poner a punto, a la Abuela, una viejuca menuda y simpática de negras vestimentas y cabellos blancos.
Saludó con efusión, cariño y respeto a los recién llegados, y recibió una gran alegría al comprobar que iba a haber un mayor número de afortunados en degustar las ricas y sabrosas pitanzas que humeaban en los calderos y ollas puestos al fuego de aromáticas leñas bajo la chimenea.
Después, Diego les fue enseñando con orgullo y calma sus posesiones a través de un laberíntico pasillo que daba vueltas sobre sí mismo para ir a perderse aquí y allá dentro de alguna sala, salón, antecámara o habitación, para volver a reaparecer después partiendo del rincón de alguna estancia. Por fin desembocaron en un gran patio rodeado por rocosos farallones cubiertos de una rica vegetación: vincapervincas, corregüelas marinas, campanillas, madreselvas…
- Solemos hacer la vida cotidiana en este acogedor patio, las ventanas de mi estudio son aquellas que se ven abiertas sobre la pared-roca de enfrente –explicaba el anfitrión a sus amigos y a las acompañantes de éstos.
En el centro del recoleto recinto una mesa de gruesa madera de roble antiguo rodeada de asientos tallados en la tierra parecía brotar del rocoso suelo. Xana comentó este encantador detalle y como todo allí dentro parecía adaptarse a la perfección, de una forma plena y auténticamente orgánica, a la naturaleza. Tuba se sintió impelida a discrepar de su apreciación.
- Tal vez la mayor parte, pero no la luz eléctrica –y señaló con sus manos las bombillas que colgaban de dos cables que formaban una cruz atravesando el patio en diagonal de parte a parte.
- La energía que las hace lucir también está obtenida de una forma natural, pues está generada por un molino eólico que se encuentra situado sobre la cima de la parte posterior de la roca de enfrente. Durante la noche el viento es fuerte y abundante en esta región y la totalidad del poblado obtiene la mayor parte de la energía que necesita de esta ecológica forma.
- Y, ¿cuándo no hace viento? –preguntó, siempre buscándole las vueltas a todo, doña Lola.
- Los señores ingenieros que les han traído hasta aquí podrán explicarles mejor que este humilde pintamonas los muchos procedimientos que existen hoy en día para acumular y conservar energía eléctrica –pasó la respuesta Diego a sus amigos.
- Gracias por no marcarte tú el tanto que merecías, pero estuvimos antes de venir aquí por los acantilados y tu amigo, el maquinista, que nos dio recuerdos para ti, ya nos informó de la parte de creatividad con que contribuiste a ese tinglado –agradeció Max como preámbulo a su explicación -: El proceso es fácil de comprender, no hay más que recordar que el encendido de cualquier vehículo movido por gasolina, alcohol o gasoil, es producido gracias a una energía eléctrica que se ha generado y acumulado gracias a la misma marcha anterior del vehículo.
- ¡Cierto! –exclamó Tuba, con una espontaneidad tan inocente que hizo manar un brote de hilaridad entre los demás.
- Ya han podido comprobar cómo en esta casa hay sitio de sobra para que pudiera acomodarse ella todo un regimiento sin ninguna dificultad, sólo resta que cada cual escoja aquella habitación que considere más idónea para
Su propio confort –aprovechó Diego el momento de silencio que sucedió a las sonrisas para cambiar el tema de conversación hacia un aspecto más práctico, y continúo -: Mairim explicará a las señoras cuales son las habitaciones a las que podrán dar un uso más satisfactorio mientras que nosotros traeremos los equipajes.
- No creo que puedas poner ninguna objeción válida a que nos instalemos en este lugar, mamá, el sitio es maravilloso y está casa bajo las rocas es algo insólito y encantador –sentenció Xana anticipándose a que doña Lola pudiera elaborar cualquier alegato. Así que sin dar tiempo que la señora reaccionase se dio por zanjada la cuestión y los tres hombres desaparecieron dentro de la casa, en tanto que Mairim, entusiasmada por la noticia de tener una compañía inhabitual, comenzaba llena de alegría a repartir en espontáneos lotes los dormitorios más próximos al suyo, para tener cerca de su pequeña personilla cuando llegara la hora del sueño a aquel trío de damas tan guapas y tan simpáticas.
- ¡También tenemos baños, duchas y bidés, aunque papá no se les haya enseñado –reía la niña, contagiando con su extremada euforia a Xana y Tuba, y haciendo vana cualquier posible resistencia que hubiera intentado oponer doña Lola.

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